LA REVOLUCION HAITIANA

Juan C. Miranda

M00-06-2430 

            23 de mayo de 2011

            Prof. Luz Ivette Pérez

Haití tiene una historia plagada de muerte, esclavitud y pobreza que comienza con el genocidio de 300,000 indios taínos durante la época de la conquista. Siglos más tarde, en 1697, España cede a Francia la parte occidental de la isla de La Española, mediante la firma del Tratado de Ryswick, constituyéndose así el Saint Domingue francés (actualmente Haití). Así pues, Francia obtiene soberanía de esta región y tomando provecho de la esclavitud y la caña de azúcar se convierte en una de las colonias más prósperas del nuevo continente. Pasado casi un siglo, en la época de la Revolución Francesa, la población de esclavos era diez veces mayor que la de los blancos y libertos.[1] 

Para 1789, que marca el inicio del proceso revolucionario, en Francia, la crisis económica se había agudizado enormemente, reflejándose en una crisis en la finanzas del estado.  La Revolución Francesa fue el resultado de la confluencia, en una coyuntura de crisis del Estado feudal, de las aspiraciones de la burguesía, con las del campesinado. El conjunto de medidas tomadas por la Revolución abolió los derechos feudales de la nobleza. La Revolución puso en crisis el modelo de dominación colonial existente hasta entonces, puesto que tuvo una influencia decisiva en la aparición de los movimientos independentistas de la América Latina, unida a la influencia que ya ejercía la independencia de los Estados Unidos.

La Revolución Francesa tuvo su equivalente en la Revolución Haitiana, aunque las causas y las consecuencias de ambas fueron totalmente diferentes. La Revolución Francesa marcó la ruptura política netamente revolucionaria a escala universal con el orden feudal.  La Revolución Haitiana se produjo en la colonia de Saint Domingue en momentos en que se producía la Revolución Francesa, cuyas causas fueron los graves problemas económicos; pero en Haití, la Revolución no posibilitó el tránsito al modo de producción capitalista. La abolición por vías revolucionarias del modo de producción esclavista tuvo por resultado fundamental su sustitución por relaciones feudales y de pequeña propiedad mercantil. Además la Revolución Haitiana tuvo consecuencias a escala en la zona del Caribe, asestando un duro golpe al sistema esclavista predominante la región.  Hacia 1830 los ingleses abolieron la esclavitud en sus colonias. [2]

La primera fase de la Revolución Haitiana, de 1789 a 1791, se inicia en París con las gestiones de la sociedad de Amigos de los Negros para obtener la igualdad en los derechos civiles. El fracaso de esas gestiones provocó que Vicente Oge se decidiera a reclamar esos derechos por las armas, para cuyos fines llegó a Saint Domingue el 23 de octubre de 1790. El líder mulato recibió el respaldo de Baptista Chavannes, quien había peleado en la Guerra de Independencia norteamericana en 1776.

Sin embargo, existían diferencias en los métodos y estrategias entre Oge y Chavannes, ya que a Oge no le interesaba la libertad de los negros y rehusó buscar el respaldo de éstos, como proponía Chavannes.  Cuando Oge decidió enfrentarse al ejército francés al mando del coronel Cambefort, fracasó al encontrarse en una lucha desigual—ya que él contaba con sólo 300 hombres frente a más de mil quinientos soldados franceses.  Ambos, Oge y Chavannes, junto a los demás rebeldes fueron juzgados por el Consejo Superior del Cabo Francés y condenados a ser destrozados a golpes de barras de hierro hasta morir.  La sentencia se verificó en febrero del año 1791.

Al poco tiempo después surgieron otros lideres dispuestos a enfrentar a los esclavistas blancos, en lo que se consideró como el inicio de la segunda fase de la Revolución.   Bajo la dirección de Pierre Penchinat, el 7 de agosto de 1791 se celebró una reunión de un grupo de mulatos que formó el Consejo de Representantes de la Comuna.  Aunque el Consejo exigió del gobernador de Saint Domingue la puesta en vigencia de los decretos de mayo de 1791, sólo recibieron insultos y el ultimátum de que disolvieran el organismo.  Los mulatos entonces decidieron volver a tomar las armas, pero esta vez buscaron el apoyo de los negros; combatieron juntos por primera vez, logrando vencer a los esclavistas y así lograron el cumplimiento del decreto emitido el 15 de mayo de 1791 por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia que estableció la igualdad política de los negros nacidos de padres libres.

No obstante, los mulatos traicionaron a los negros, entregando a unos 400 de ellos para así demostrar su alianza a la burguesía colonial.  Los negros traicionados fueron lanzados en las profundidades del mar con cadenas puestas al cuello. Luego de esa vil traición, los negros entendieron que la única manera de obtener su libertad era luchando solos.  Con esta determinación, en agosto de 1791 continuó la Revolución Haitiana, en su tercera etapa, con el paso a la lucha activa de grandes masas de negros esclavos por alcanzar la libertad.

La insurrección fue organizada el 22 de agosto de 1791 por el esclavo y sacerdote vudú, Boukman, y decenas de miles de esclavos se sublevan a instancias de un grupo de blancos realistas, quienes pensaron que con la anarquía en la colonia el gobierno republicano sufriría las consecuencias y, lo que es peor, planificaban utilizar la masa de los negros como tropas al servicio del regreso de la monarquía a Francia.  Los líderes de los grupos insurrectos estaban erróneamente convencidos de que el monarca era un defensor de las aspiraciones de los oprimidos.  Por consiguiente, pusieron sus fuerzas al servicio del restablecimiento de la monarquía en Francia pensando que obtendrían la libertad, además de haber producido grandes daños al dominio de los esclavistas.

Pero la rebelión de los esclavos tuvo un carácter devastador; incendiaron y destruyeron propiedades de los esclavistas y mataron a muchos de ellos.  Su lucha, sin embargo, fue tan solo un movimiento espontáneo que no tenía en realidad el propósito de lograr una nueva sociedad, sino destruir el viejo orden establecido[3].

El 4 de abril de 1792 la Asamblea Nacional Francesa decide otorgar la ciudadanía a los hombres libres de color. Para aplicar la medida decide enviar tres comisionados, de los cuales los principales eran Léger-Félicité Sonthonax y Étienne Polverel, acompañados de una fuerza de 6000 hombres, que llegaron a La Española en septiembre de 1792. La medida contaría con la fuerte oposición de los blancos. Para derrotarlos, Sonthonax recurre a los mulatos, y con ayuda de éstos y las tropas leales logra controlar tanto a blancos como a esclavos.

Pero en febrero de 1793 se producen dos importantes hechos: Francia declara la guerra a Gran Bretaña y el rey Luis XVI es ejecutado, dando comienzo a la República. Ambos hechos tienen inmediatas consecuencias en la colonia.

Los realistas se sublevan. El general francés Galbaud, jefe de las fuerzas en Le Cap, se subleva. Para derrotarlo Sonthonax recurre no solo a los mulatos, sino que reúne una fuerza de cerca de 10000 esclavos a los que otorga la libertad. Logra derrotar y expulsar a Galbaud pero la liberación de tan alto número de esclavos irrita a los mulatos, que también eran propietarios de esclavos. Privado de su principal apoyo y ya siendo inminente la invasión por parte de los ingleses, busca el apoyo de los negros para lo cual, el 29 de agosto de 1793, Sonthonax, decreta la emancipación general de los esclavos en el norte de Saint-Domingue, medida que rápidamente se extiende a toda la colonia. El 4 de febrero de 1794 la Convención Nacional Francesa declara abolida la esclavitud de los negros en todas las colonias francesas.[4]

Haití proclamó su independencia el 1 de enero de 1804, siendo el segundo país del continente americano, y primero de América Latina en acceder a ella tras un singular proceso revolucionario de carácter abolicionista iniciado en 1791 que desembocó en una prolongada lucha armada contra Francia, la potencia colonizadora desde finales del siglo XVII. Este proceso convirtió a Haití en escenario del primer caso en la Historia Universal por el que la rebelión de la población sometida al sistema de esclavitud condujo a su emancipación y a la abolición de esta forma de explotación de forma autónoma y perdurable en el tiempo, sentando un precedente definitivo para la supresión del comercio trasatlántico de personas.[5]

En 1838, los franceses finalmente reconocen la independencia haitiana, pero exigen a cambio el pago de una indemnización de 90 millones de francos, oro que Haití paga religiosamente hasta 1883. Esta “Deuda de la Independencia” (incrementada con el pasar de los años a US$ 21.685 millones) fue reclamada por el expresidente Jean-Bertrand Aristide a Francia antes de ser derrocado en el año 2003. Su propuesta fue rechazada tanto por los franceses como por la oposición en su país.[6]

Las promesas de la acción revolucionaria en Haití entre 1791 y 1804 constituyen una vertiente universal del futuro de la revolución en Nuestra América.  La Revolución Haitiana asumió el desafío de construir una sociedad liberada, en la que la igualdad fuera real, y no encubriera distinciones sociales, raciales o económicas. Adoptó temas de las revoluciones atlánticas, pero le imprimió una coherencia que éstas no tuvieron.

Y si bien las circunstancias históricas de Haití difícilmente podrían ser extendidas a toda América, la interconexión entre distintos planos de libertad constituye una brújula para la imaginación revolucionaria del porvenir.

 

[1] Biblioteca Digital Grupo Clarín, www.clarin.com, 13 septiembre 2004, “Haití: una historia de esclavitud y pobreza moldeada a base de golpes y rebeliones”; Consultado el 20 de mayo de 2011.

[2] Martínez, Yanet, (Santo Domingo), “Historia de América: Grupos insurrectos de Haití”; html.apuntes.rincondelvago.com/revolucion-haitiana.html.  Consultada 19 de mayo de 2011.

[3] «Haiti», Encyclopedia Britannica, Online, Encyclopedia Britannica, 2008, consultado el 17 de mayo 2011.

[4]  Acta de independencia de Haití, 1 de enero de 1804.

[5]  Fernández Retamar, Roberto (2005), Pensamiento de Nuestra América. Autorreflexiones y propuestas,   Buenos Aires, Clacso.

[6] Blackburn, Robin (2006), “Haiti, Slavery, and the Age of Democratic Revolution”, en William and Mary Quarterly, vol. 63, nº 4.

 

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