La Evolución Sociopolítica de Rusia de 1870 a 1898

Rusia se caracteriza en el análisis de macro escala como el gigante que tropezó hacia el progreso de manera acorde con su tamaño físico y sus dimensiones sociales que siempre resultaron ser difíciles, sino en ocasiones totalmente imposible de superar.  Rusia fracasó donde la naciente nación americana triunfó en la asimilación de culturas variadas, y este fracaso yace en la ineficacia del gobierno zarista que jamás conceptualizó la integración total del pueblo ruso y el pueblo no-ruso que habitaba en el Imperio por razón de conquista militar y tratados firmados para silenciar guerras.  Pero ésto es solo un factor del fracaso ruso. El Imperio Ruso se pudrió desde su interior por la debilidad y falta de imaginación de los zares y los esfuerzos de la nobleza rusa de suprimir toda idea de cambio que amenazara contra sus intereses financieros y su control de los siervos rusos.  Estos últimos eran mantenidos en la mayor ignorancia posible en asuntos e ideas externas y el estado limitaba su existencia a la función de mantener el estatus quo de la nobleza y la supremacía de la Iglesia, lo cual fracasó totalmente, como veremos más adelante, en sus esfuerzos por dominar la fe en Rusia y en sus tierras súbditas.  El progreso social de Rusia fue más bien tropiezo tras tropiezo de ineficacia gubernamental, la cual fue aumentando por una rebeldía creciente entre la clase intelectual que nació de la suprimida clase media rusa que hizo su presencia más sentida con la chispa de la filosofía socialista occidental.

Para comprender el proceso que Rusia atravesó para llegar a la ola revolucionaria que pondría fin al último imperio autocrático europeo (se debe aclarar que Austria no se considera una nación autocrática, a pesar de ser un imperio como Rusia al tener una clase media activa y reconocida en su sociedad) al contrario de Rusia, que carecía de una clase media alguna como resultado de la opresión de la nobleza.  El proceso de Rusia nos mostrará que, cuando una nación se opone vehemente al cambio y a la evolución de su pueblo hacia las nuevas tendencias sociales, esa nación está clavando su propio ataúd cerrado ante los cambios globales que cubrirán con tierra de historia todo rastro de la nación que resistió el cambio de las épocas.

Comencemos el análisis del proceso evolutivo de la sociedad rusa y su política interior con sus súbditos, pues Rusia siempre ha sido nación de tirano y siervos, solamente despertando a la democracia y cierta forma de capitalismo occidental en años recientes bajo administraciones de carácter revolucionario, requisito aparente para que se produzca cualquier tipo de cambio progresivo en Rusia y en cualquier nación moderna por lo que se puede apreciar. Según J.L.H. Keep en su contribución sobre Rusia en el Tomo XI de la Historia del Mundo Moderno Cambridge, el factor crítico en el desarrollo sociopolítico de Rusia fue en sí su estancamiento cultural y estructural ante una época de cambios sustanciales en el mundo europeo.  El sistema autocrático resultó ineficiente para administrar las necesidades de los rusos y a la vez incompetente en la asimilación de los pueblos no rusos que fueron conquistados y anejados al Imperio Ruso por medio de conquista.  Keep hace mención del concepto del pan-eslavismo en Rusia durante la campaña de los Balcanes, que fue utilizado por varios escritores nacionalistas rusos, como N. Ya. Danilevsky para unificar los pueblos rusos bajo el estandarte del zar,[1]   El resultado fue menos de lo esperado sin embargo.  La propaganda pan-eslavista no fue difundida en todo el Imperio Ruso,sino que fue dirigida específicamente a la población de los Balcanes para enfatizar un antiguo derecho soberano de los zares rusos sobre la región por nada menos que el concepto del derecho divino a gobernar ese terreno por parte de la dinastía Romanov.  La incompetencia del gobierno zarista se volvía cada vez más obvia con cada fracaso administrativo que sufrían a causa de su política egocentrista y de poca visión a largo plazo.  Se puede retar esta última declaración con la débil defensa de que el gobierno ruso sólo pensaba a largo plazo y en la perpetuación de su régimen; pero realmente lo que se puede apreciar es una mentalidad de muy corto plazo en la planificación de la estructura y el rumbo de la nación. El enfoque de la nobleza era muy sencillo: la seguridad de que sus bienes materiales se mantendrían y su riqueza y superioridad sobre los siervos jamás sería revocada en el Imperio.  

A estos fines se puede apreciar que el Zar es más bien el instrumento de los nobles y terratenientes principales, siendo manipulable por éstos intereses, sin nunca tener una idea sobre las necesidades del pueblo que clamaba a su Zar justicia y alimento para sus hijos.  El Zar. como se puede observar, sólo escucha las palabras de sus nobles sin nunca permitir a un súbdito, que se ha levantado por su esfuerzo y no por linaje, que presente una solicitud por el pueblo.  Para el Zar, el pueblo existe para servir al Zar y labrar sus tierras: esa es la recompensa de ser un siervo ruso.

No obstante, el pueblo ruso sí tuvo algunas señales de progreso social, aunque su carácter fue más problemático para los siervos que las libertades que fueron ofrecidas por el gobierno imperial.  La liberación de los siervos rusos en el Edicto de Emancipación del 19 de febrero de 1861, y con ella la abolición de la servidumbre forzada que había sido la realidad de muchas generaciones de siervos rusos que nacieron, vivieron, y murieron sólo conociendo la servidumbre–no fue por principios altruistas del estado ruso[2].  Más bien, fue una decisión fiscal para mejorar los ingresos del Imperio Ruso al ubicar al siervo como contribuyente activo, más allá de su responsabilidad hacia su dueño.  Dichos dueños buscaron la manera de que la libertad le costara caro a todo siervo, más los siervos del estado y los de la corte imperial–un total de 24 millones de siervos– tuvieron mejor trato al no tener que lidiar con los intereses de la gentileza, término que usamos muy medido y de manera cuidadosa, pues las acciones de este grupo social son cualquier cosa menos gentil en el trato que ofrecen a los siervos.  Por el remanente de esta investigación se utilizará el término de terrateniente noble, el cual sentimos es un término más apropiado en una sociedad sin una clase media que amortigüe la gran diferencia de clases que imperaba en el último reino autocrático del Siglo XIX y el Siglo XX.

Para los siervos liberados las provisiones de los edictos fueron menos que satisfactorios, pues los arreglos beneficiaban más al terrateniente noble que al obrero liberado de su esclavitud.  Hacemos un alto para recordar que el término esclavo tiene su origen en el siervo ruso por la manera que éste era tratado por sus amos y la extrema represión de derechos humanos en la región.  La Rusia imperial se conoce por la sangre del siervo que labraba por el Zar y moría por sus guerras (las del Zar) al responder al llamado de armas, nunca por su interés personal, siempre por su devoción a su líder por derecho divino.  El terrateniente noble ostentaba ser representante de ese líder divino pero en realidad era esclavo de su avaricia desmedida personal. Bajo los estatutos de la emancipación cada siervo era concedido una parte de terreno para labrarlo y producir para el estado.  Mientras en teoría ésto hubiera permitido que los siervos liberados tuvieran iniciativa para producir más, volviéndose ellos terratenientes productivos al servicio del estado, la realidad fue otra enteramente diferente a lo manifestado en la visión reformista rusa.

La dura realidad fue que la tierra no fue repartida de manera equitativa ni monitoreada y los precios de los terrenos, enormemente inflados, de tal manera imposibilitando su adquisición por los siervos liberados.  Las actas de terreno eran custodiadas por las comunas aldeanas (mir en ruso) mientras el liberto pagaba su precio[3].  El lapso entre la tierra otorgada y el pago por dicha tierra completado podía ser hasta cuarenta y nueve años desde el momento de la liberación del siervo.  Mientras pagaba la deuda sobre la tierra, el liberto todavía tenía que pagar renta y rendir servicios al terrateniente noble de quien había sido declarado libre por el estado.  Por consiguiente, el siervo seguía siendo siervo para toda causa y efecto de diario vivir, su libertad era nula ante su inhabilidad de pagar por su libertad.  Eso era precisamente lo que causaba que Rusia lentamente tropezara y andaregueara hacia el final de su era imperial, como un gigante ciego, sordo y mudo que atolondraba hacia un precipicio mortal e irreversible.  Pero la comunidad rural, donde residían la mayoría de los siervos liberados presentaría un nuevo reto para la administración imperial.

El aumento drástico en la población rural de Rusia entre 1860 y 1897 causó un grave desequilibrio en la economía rusa.  El aumento de campesinos en la Rusia europea solamente, sin contar las zonas de Asia central y Siberia, no fue acompañado de un alza en la producción agrícola.  La situación fue empeorada por la falta de empleo alterno en la zona y la lenta industrialización de Rusia tampoco contribuyó a mejorar la situación de los siervos libertos, pero la pesadilla del estado solo comenzaba con éstos sucesos en el área rural.  La falta de productividad en el campo fue llevada a nuevas complicaciones debido a una sequía en la región de Samara en 1873[4] que se consideraba una zona agrícola fértil y esencial para el sustento del pueblo ruso.  Eventualmente los campesinos tuvieron la idea de solo ellos podían solucionar sus problemas, pues el estado había demostrado que se mantenía distante y ajeno a las necesidades del pueblo.  Las últimas esperanzas de que el zar no se había olvidado de su pueblo se manifestó en rumores de una “carta dorada” emitida por el zar en la cual autorizaba a los campesinos a tomar por la fuerza lo que le correspondía por derecho propio desde los edictos de emancipación de 1861.  Agracidamente para los terratenientes nobles, nunca hubo levantamiento campesino, pero la violencia abierta siempre estaba justo debajo de la superficie del plácido y aparentemente tranquilo campo rural ruso.

Como si las dolencias de los campesinos no fuesen suficientes, los terratenientes nobles comenzaron a sentir los efectos del estancamiento social y político ruso, aunque nunca identificaron cuál era el verdadero problema, quizás por falta de un buen espejo en cuál mirarse ellos en primer lugar.  Los terratenientes nobles no habían salido ilesos de la emancipación de los siervos del todo, pues el estado requería que cedieran parte de sus tierras a los libertos para éstos labrarla y producir para el estado mayor.  El estado había hecho planes de compensación para los nobles que perdieron tierras, sin embargo, gran parte de este dinero fue retenido para pagar viejas deudas del estado.  Otra parte era representada por bonos imperiales cuyo valor en el mercado cayó estrepitosamente[5].  El declive económico en Rusia comenzaba a tener efecto en quienes lo habían propiciado por mantener los mismos intereses que buscaron proteger.  Se comienza a ver como se descosen  los lazos milenarios que habían mantenido firme el gobierno autocrático ruso.  Cuando se observa la oposición férrea al cambio social por parte de Rusia y su clase gobernante frente a los cambios que se manifestaban en Europa occidental por causa de la Revolución Industrial, se nota un patrón social.  El patrón se describe como sigue: el conservadurismo fundamentalista que busca bloquear toda nueva tendencia por temor a perder su influencia sobre su pueblo, siempre resultará en el colapso total del régimen intransigente por causa de ser arrasados por el paso del tiempo.  Ninguna nación es intemporal ni inmune a los cambios de las épocas que atraviesa toda sociedad.  La historia nos mostraría que Rusia tendría la misma lección dos veces en su trasfondo político.  La primera fue la Revolución que puso fin a la línea imperial de los Romanov.  La segunda fue el eventual colapso del bloque soviético ante los cambios sociales de fines del Siglo XX.  En ambas ocasiones se repite el mismo paradigma, la clase gobernante lucha incesablemente por retener su control sobre las masas y el paso del tiempo y las influencias externas lentamente erosionan toda muralla de resistencia.  En el Siglo XIX los cambios sociales fueron el principio de fin de los terratenientes nobles rusos y su influencia sobre el pueblo.  El despunte de la economía agraria de los Estados Unidos al otro lado del Océano Pacífico fue otro golpe para la economía rusa pues el mercado favoreció la oferta americana sobre la rusa, posiblemente debido al capitalismo americano que enfocaba en libre empresa y mayores ganancias privadas.  Los agricultores rusos labraban para el estado primero y luego para su sustento.  Esto pudo haber sido otro factor que llevó al declive ruso en el mercado mundial.

Como antes mencionado, la lentitud de Rusia en integrarse a la Revolución Industrial tuvo serias consecuencias para su economía.  Keep menciona que esto era un círculo vicioso del cual Rusia parecía incapaz de liberarse[6].  La pobreza campestre impedía el desarrollo industrial restringiendo el mercado doméstico.  La falta de industria a su vez detenía la absorción de la población agrícola excesiva, lo cual regresaba al problema principal ruso, la pobreza de la comunidad campestre.  Pero la industria rusa también tenía otro problema.  La fuerza laboral rusa era por su mayoría carente de educación formal y poco entrenamiento técnico para operar las fábricas.   Rusia, un país rico en recursos naturales, carecía de una coordinación efectiva de sus recursos humanos para ubicar dichos recursos en las zonas de producción que mayor fruto rendiría.  Rusia actuó al opuesto del progreso europeo, continuando con un enfoque en el comercio agrario sin dedicar recursos al plano industrial, pues se encontraba en un estado de ineptitud total en cuanto a la administración de fábricas y un ejemplo es la industria metalúrgica, que según Keep, era notoriamente anticuada en comparación con las industrias occidentales.[7] Ciertas condiciones laborales se mantuvieron a la par con el occidente, sin embargo, y éstas eran las menos favorables para el obrero ruso.  Los sueldos eran paupérrimos y tenían la tendencia de caer a niveles aún más abismales, las horas largas y agotadoras y las condiciones de trabajo de nivel casi inhumano.  A pesar de esto, el gobierno ruso buscó explotar al obrero industrial en una escala mayor que los patronos capitalistas occidentales, si tal hazaña era de alguna manera posible.  Mientras la intervención directa del estado era mínima en la zona de manufactura, la policía estaba siempre lista para suprimir cualquier disturbio laboral, a favor de los dueños de la fábrica, por supuesto.

Fue en este momento que entra en la escena de la política rusa el Ministro de Finanzas, M. von Reutern, quien organizó el primer sistema de capital libre en Rusia bajo los zares.  Von Reutern aplicó los principios de mercado libre de Adam Smith en su filosofía capitalista para llevar a cabo el proyecto industrial más extenso hasta el momento de la historia del Imperio Ruso en ese momento.  El proyecto consistía de expandir la red ferroviaria para mejorar comunicaciones e infraestructura dentro del Imperio.  Desde finales de 1861 hasta aproximadamente veinte años más tarde, el sistema de transporte ferroviario cubrió en sus inicios poco menos de 1,000 millas de terreno y culminó su expansión sobre el Imperio Ruso cubriendo más de 13,000 millas que conectaban los centros agrarios con ambas capitales de Moscú y San Petersburgo con los puertos del Mar Negro y el Mar Báltico.  El costo de la expansión sin embargo, no fue pagado por las arcas del zar.

Reutern basó su visión económica en los principios de Adam Smith en su tesis La Riqueza de las Naciones que establece que la mejor forma de costear proyectos de expansión económica era atrayendo inversión extranjera para cubrir los gastos.  Las tácticas de Reutern eran típicas de un inversionista de Wall Street de hoy en día.  Igualmente que hoy en día cuando la práctica de especulación trajo consigo la recesión y ruina del mercado de acciones estadounidense, la política laissez-faire de Reutern trajo iguales niveles de caos y corrupción al mercado ruso.  No obstante, los esfuerzos de promover el capitalismo en Rusia por Reutern promovieron cambios en la estructura fiscal del estado.  Bajo el liderato de Reutern, varios bancos privados fueron creados y los gastos del gobierno seriamente reducidos por el Ministerio de Finanzas, y las cuentas nacionales fueron hechas públicas.  Una reserva monetaria fue hecha que facilitó la conversión de moneda de papel a metal, paso importante para la entrada de inversión extranjera al país.

Más todas estas gestiones fueron derrotadas en su propósito cuando Rusia entró en guerra con Turquía en 1877.  Dicha guerra dejó a Rusia en un estado de deuda agravado que fue acentuado por el otro problema, el de sus ingresos fiscales internos, las contribuciones de sus súbditos que ya habían dejado de tener la misma fluidez que gozaron en tiempos anteriores a los desbalances sociales que en aquel momento sacudían a Rusia hasta sus cimientos.

Mientras las reformas del zar Alejandro II tenían la intención de actualizar la sociedad rusa para competir con sus vecinos occidentales, pues esa fue la verdadera razón de liberar a los siervos: la modernización del pueblo para permitir mayor competencia con los países occidentales que ahogaban el comercio ruso en el mercado mundial.  Esta modernización no fue llevada a cabo con el diseño original del zar pues los terratenientes nobles se dedicaron a sabotear la visión progresiva del zar con tal de preservar sus tierras hereditarias, y el poder que sus antepasados habían celado y entregado a ellos.  La preservación del poder aristocrático por parte de los terratenientes nobles, con el único fin de mantener dicho poder, sin usarlo para obtener un poder mayor por medio de la cesión de un poco de poder para adquirir mayor prestigio, poder e influencia, es quizás el peor error político que puede cometer cualquier cuerpo gobernante de cualquier país.

Los terratenientes nobles son un ejemplo perfecto de este desastre de influencias mal utilizadas en cualquier foro histórico, pero su fracaso es aumentado por el periodo en que condenaron su sociedad a un proceso violento en el principio del Siglo XX. El resultado final fue con el derrocamiento del régimen autocrático en Rusia y el advenimiento de un régimen igual de represivo vestido en la túnica roja de la revolución socialista, filosofía que fue abandonada casi desde el principio en favor de la represión social.  Los rusos siempre fueron esclavos, solo cambió el nombre que se adjudicaba al cruel amo.  En vez del zar, era la agrupación sombría e incuestionable del Politburó soviético y el partido que prohibía toda voz de oposición.  Pero regresando al origen de este panorama oscuro, se puede notar que los fuegos de protesta comenzaban a arder en Rusia desde los 1870.  Las reformas de Alejandro II, que fueron hechas con fines fiscales de mejorar los ingresos para el estado, tuvieron un efecto no esperado en la sociedad rusa.  El pueblo ruso, que había existido en la mansedumbre y servicio de esclavo hacia el zar y su corte, ahora comenzaba a levantarse a pedir reformas sociales donde se creara un sistema de justicia social que fuera enforzada por el mismo pueblo.  Comenzaron a exigir el poder elegir a sus jueces y juntas comunales y que tuviesen peso legal en el gobierno.  El estado respondió con varias implantaciones de reforma social que atendían los pedidos antes mencionados.  En este periodo comenzaron las pocas reformas sociales de interés para el estudio de evolución social en Rusia.

No obstante, las reformas fueron lentas y no uniformes debido a la sensibilidad política de algunos territorios del Imperio.  El gobierno central temía que el pensamiento liberal se esparciera demasiado rápido y perdieran el control de territorios cuya población no era aliada libremente con el zar y su corte.  Se debe recordar que Rusia estaba en un proceso de expansión en Asia Central en estos años de estudio.  El Imperio Ruso tenía una política de rusificación que aplicaba en todos sus dominios.  El proceso solía encontrar fuerte resistencia pues la asimilación era obstaculizada por sentimientos de oposición por ser conquistados en guerras y en algunos casos, abandonados por su soberano anterior.  También existía la cuestión sobre la religión oficial del Imperio.  Desde su incepción, Rusia era un país donde la Iglesia Ortodoxa era la institución dogmática sin cuestionamiento de nadie, ni siquiera el zar podía retar la autoridad del Patriarca Ortodoxo, pero nunca se dio tal escenario pues el zar tenía a la Iglesia integrada a su aparato político de total control.  La Iglesia jamás se opuso al zar tampoco, sirvió como como elemento unificador de las naciones rusas desde Iván III, pero su influencia se veía ahora amenazada por la misma expansión territorial que apoyaba en la corte del zar.

La función política de la Iglesia Ortodoxa en la Rusia del Siglo XIX era una de ente magistral en las aulas de clase.  Para la sociedad rusa, una educación formal era un lujo reservado exclusivamente para la alta nobleza de la corte.  Dicha educación era fuertemente supervisada por el clero para asegurar un fiel practicante en la corte imperial.  La diversificación religiosa no era tolerada por la Iglesia, que incluía su doctrina religiosa en el programa de rusificación de los territorios conquistados.   Esta conversión forzosa tuvo las esperadas consecuencias en los territorios sujetos a estos procesos. No solo fue rechazada por muchos, sino que la adherencia al credo ortodoxo era lo más superficial posible para complacer a las autoridades.

No obstante, las reformas sociales comenzadas por Alejandro II incluían una solución para el problema de falta de escolaridad en las zonas rurales rusas, con el establecimiento de diez mil escuelas elementales por obra de los consejos comunales rurales creados por las reformas del zar, llamadas las zemstva[8]. Estos consejos facilitaron una educación rudimentaria, si bien no fue esencial y también de pobre calidad al compararlas con escuelas occidentales, pero fue un buen comienzo para crear un pueblo letrado y con una educación básica.

La política rusa hacia la educación obedeció la misma tendencia de mantener la influencia y el poder en manos de los terratenientes nobles, y esto incluía asegurar que ningún ruso comenzara a diseminar las ideas peligrosas liberales que amenazaban el estatus quo de la corte y la iglesia.  Esto se debía a que cada vez más y más jóvenes rusos se sentían atraídos por las corrientes sociales occidentales y muchos apoyaban los ideales socialistas emergentes en las conversaciones intelectuales.  El aislamiento ruso parecía estar llegando a su fin tan prolongado pues la ciudadanía rusa clamaba por un cambio, una revolución que cada vez más se hacía ver más urgente su inicio.  El pueblo ruso se despertaba a ver que su modo de vida era atrasado, pero sus nobles se empeñaban en que las cosas debían seguir igual pues así era como retenían el poder en sus manos.  El poder es como una droga, y más adictiva que cualquier estímulo artificial puede intentar serlo.  El poder también tiende a nulificar los sentidos con el pasar del tiempo, pues como demostró el gobierno imperial ruso del Siglo XIX, la influencia del poder entumece el oído dirigido al pueblo y nubla la vista al sufrimiento ajeno.  Esa poderosa droga con el nombre de poder terminó siendo la cicuta que lentamente silenció el latir del corazón de aquella gran nación que se hizo llamar el Imperio Ruso en algún momento.

Como bien menciona Keep, Rusia no podía ser forzada de vuelta a la camisa de fuerza de la cual había salido a tan duras penas hacía poco.[9]  Las reformas iniciadas en 1861 y que duraron hasta aproximadamente 1881 tuvieron el efecto de despertar el pueblo ruso al amanecer de la Era Industrial y todas las implicaciones que ésta tenía para el pueblo que hasta ahora había disfrutado de un cierto aislamiento del resto del mundo.  El pueblo ruso había por siglos preferido que el zar lo representara ante el mundo, pero ahora descubrían que dicha representación era falsa e insuficiente para sus necesidades.   El liberalismo político cobraba auge en el pueblo ruso que comenzaba a explorar las alternativas a su actual modo de gobierno que probaba ser cada vez más parcializado hacia la élite minoritaria.  Las instituciones de alto aprendizaje, antes reservada para la aristocracia, comenzaban a mostrar un aspecto heterogéneo con el ingreso de una nueva clase social inteligente que procedía de grupos sociales antes ignorados. Los hijos de los artesanos, mercaderes y hasta en ocasiones raras, el clero y los hijos de los siervos libertos, constituían la nueva matrícula de las universidades rusas.

Este fue el principio del fin del antiguo régimen, pues con el advenimiento de las nuevas ideas también surgieron los movimientos anti-zaristas, que tenían la prioridad de eliminar al zar para así provocar una revolución nacional que impondría un nuevo orden social libre de la clase aristocrática.  Mientras tuvieron éxito parcial al asesinar al zar Alejandro II en 1881, la reacción del gobierno no fue un colapso total, sino más bien el ascenso de un zar que buscó deshacer las reformas de su predecesor.  Alejandro III (1881-94) intentó regresar al estilo de gobierno antiguo del Imperio Ruso.  Fue rodeado por un grupo extremadamente conservador y tradicionalista, que tenía poca o ninguna conexión con el pueblo ruso y sus necesidades.[10]

Nuevamente se aprecia el efecto de la droga del poder absoluto en manos de una élite distante y alienada de  a quienes gobiernan.  El gobierno imperial ruso se había vuelto en un ente que de ninguna manera representaba los intereses ni deseos del pueblo.  El pueblo se había convertido para la aristocracia, en un instrumento sin identidad propia que servía solo para cumplir los deseos de los nobles sin cuestionar órdenes ni pensar por si mismos.  El efecto puede ser visto en el surgimiento de nuevos movimientos revolucionarios que clamaban por el cambio político y el cambio social.  Los intentos del gobierno por suprimir estas ideas fueron encontrados con un ondeo de silencio público y resurgimientos sociales liberales.  La gendarmería o policía secreta rusa hizo todo lo posible por suprimir estos grupos, pero si el gobierno podía operar y organizar en secreto, el pueblo podía también jugar la misma carta.

Los grupos revolucionarios sufrieron pérdidas de figuras importantes para su causa a manos del gobierno imperial represivo, pero ellos se adaptaron a sus circunstancias y continuaron diseminando su filosofía tras bastidores.  No obstante, no todo que hizo el gobierno ruso era de carácter represivo, pues Rusia tenía una transición pendiente hacia la industrialización, y nuevamente el Ministerio de Finanzas sería el agente dirigente en esta gran gestión.

La entrada de S. Yu. Witte como Ministro de Finanzas alrededor de 1891fue la gestión progresiva más grande de final de Siglo XIX para Rusia, pues aceleró el proceso de industrialización de Rusia.  Bajo la administración de Witte comenzó el proyecto de la línea ferroviaria trans-siberiana, quizás el proyecto de mayor envergadura hasta el final de la época zarista.  El proyecto comenzó en 1891 y duró casi quince años antes de ser completado.  Nadie disputa la importancia de este proyecto, pero el mismo tuvo un precio alto.

La industrialización de Rusia no era factible con solamente el estado financiando el costo de la modernización.  Esto es cierto para cualquier país pero las prácticas desmedidas del gobierno ruso para atraer capital externo en inversiones nacionales tuvo efectos desastrosos sobre la deuda nacional y la economía de Rusia vista como un todo.  Rusia se endeudó enormemente con intereses externos  e inversionistas privados. El pago anual de estas deudas rondaba alrededor de 300-400 rublos rusos.[11]  La inversión externa era la manera primordial del estado pagar sus nóminas y esto llevaba a la necesidad de continuar tomando prestado de inversionistas extranjeros.  Cualquier parecido con la situación fiscal actual de los Estados Unidos del Siglo XXI es puramente la repetición de la historia en diferentes países que no aprenden de errores pasados.

La dependencia del estado ruso en la inversión extranjera revela un nuevo giro no inesperado en esta historia.   El pueblo ruso ya no podía sufragar los gastos del estado pues éste los había ignorado y reprimido tanto que la población rural sufría de severa hambruna, mientras los terratenientes nobles vivían en un estado de exceso.  Por causa de esta hambruna una quinta parte de los reclutas del ejército fueron rechazados como no aptos para servicio militar.  La ineficacia del régimen zarista comenzaba a costarle fuerza militar al estado, y esto trearía mayores consecuencias más adelante.

La insatisfacción del pueblo ruso con su estado político comenzó a generar simpatía por los ideales de Karl Marx y Friedrich Engels que hablaban de revolución y cambio social en el mundo entero. El concepto del burgués controlador comenzó a cristalizarse en la mente del proletariado ruso como el reflejo del terrateniente noble, y la reacción era de repudio hacia esa figura social antes considerada intocable por el pueblo.  Los esfuerzos del estado para silenciar las voces de revolución se encontraron luchando contra una hidra inmortal que no se daban cuenta era de su propia creación.  Dicha creación había sido efectuada por varias generaciones de opresión social que ahora era el verdugo de la sociedad que se nutrió de la sangre y las lágrimas de millones de siervos que fueron sus esclavos por siglos.  Las voces socialistas eran un clamor por justicia ante una serie de crímenes sociales que estaban vigentes por varias generaciones.  Donde más se sintió la desigualdad fue en Rusia debido a su política ultraconservadora que buscó suprimir el cambio en vez de adaptarse al mismo.  El zar Nicolás II, último zar del Imperio Ruso antes de su violento fin en 1917, fue el martillo que clavó cerrado el ataúd de los Romanov debido a su ineptitud y falta de visión[12].  Los ministros del zar comenzaron su último juego de poder, aunque ellos no lo veían como el último juego. Los ministros confiaban en la permanencia del régimen pues éste había sobrevivido casi mil años desde su creación.  Como es costumbre en tales asunciones, la casa se les cayó encima sin ellos darse cuenta que colapsaba.

En resumen de los datos recopilados en esta investigación, la evolución de Rusia en el ámbito social y político desde  1870 hasta 1898, fue un proceso de muerte lenta y prolongada debido a las ineptitudes del gobierno central que no pudo adaptarse a los paradigmas sociales que afectaron su entorno.  La Era Industrial en Europa comenzó su marcha fúnebre y pese a las reformas promovidas por Alejandro II la maquinaria política evitó que dichas reformas fueran aplicadas correctamente.  Igualmente, la variedad cultural y rápida expansión del Imperio Ruso fue el mayor obstáculo de la rusificación de los pueblos asiáticos conquistados.  No se podía asimilar efectivamente a pueblos conquistados por reprimir su cultura, y esto fue una lección cara para el estado y la Iglesia Ortodoxa Rusa por igual.  Rusia literalmente fue un gigante ciego, sordo y mudo que caminó sin rumbo hacia un abismo.  Su falta de contacto con su pueblo causó que su reinado majestuoso ardiera en las llamas de la revolución.

Bibliografía

Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, 1870-1898, Cambridge, 1962, Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems

Indice de Notas a Calce 

[1] Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, Cambridge, 1962, Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems, 1870-1898, pág, 360

[2] Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, Cambridge, 1962, Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems, 1870-1898, pág. 353

[3] Ibid. pág.353

[4] Ibid, pág. 354

[5] Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, Cambridge, 1962, Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems, 1870-1898, pág. 354

[6] Ibid, pag. 354.

[7] Ibid. pág, 354

[8] Ibid, pág. 358

[9] Ibid, pág. 363

[10] Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, Cambridge, 1962, Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems, 1870-1898,  pág.362-363

[11] Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, Cambridge, 1962 Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems, 1870-1898, pág. 369

[12] Keep, J.L.H., Russia, The New Cambridge Modern History, 1870-1898, Cambridge, 1962, Volume XI, Material Progress and World-Wide Problems, pág. 372

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