Los Retos de la Esquizofrenia y Su Impacto en la Vida de Juan Cecilio

De forma tal que este relato pueda servir para que otras personas conozcan los retos que enfrentó Juan Cecilio a continuación ofrezco un resumen de lo que representó la esquizofrenia en su vida.

La mayoría de los signos y síntomas de su enfermedad estuvieron presentes siempre, en mayor o menor grado.  Indudablemente los medicamentos psiquiátricos hacían menos agresivos los síntomas positivos; todas las demás intervenciones multidisciplinarias sirvieron sus propósitos de brindarle herramientas para lidiar con sus síntomas y para desarrollar en él destrezas de vida independiente.

Todo lo que Juan Cecilio logró en su vida, particularmente en sus estudios, fueron triunfos; alcanzados mientras libraba una batalla diaria contra los síntomas de su enfermedad.  Es importante ser meridianamente transparente al dejar consignado que Juan vivió con muchos y terribles monstruos, aunque no necesariamente todos los que a continuación voy a describir. 

Espero que, en alguna medida, el compartir esta información pueda ayudar a otras personas que enfrentan situaciones similares. 

La palabra esquizofrenia es un neologismo acuñado en 1908 por el psiquiatra suizo Eugen Bleuler (1857-1939). Esquizofrenia viene del griego y está formado por σχίζειν (skhizein = rajar, separar), φρἠν (phren = entrañas, alma, mente) y el sufijo –ia, que indica cualidad.

La esquizofrenia es una enfermedad que ataca la parte esencial que nos hace sentir seres humanos.  Debo hacer notar que aunque a través de este escrito utilizamos el término “la esquizofrenia”, en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V, 2013) la esquizofrenia aparece como una nueva categoría diagnóstica llamada Trastorno del Espectro Esquizofrénico y Otros Trastornos Psicóticos.

A medida que la nube de la esquizofrenia atraviesa el horizonte de una persona, ésta introduce una barrera entre esa persona y la capacidad para ver y pensar con claridad y para sentir y expresar sus emociones.  Los síntomas de la esquizofrenia afectan toda la gama de habilidades que caracterizan el comportamiento humano, la cognición y la emoción, tales como: percepción, pensamiento, lenguaje, emoción, voluntad y facultad creadora.  La capacidad para realizar todo lo anterior, a menudo queda reemplazada por percepciones y experiencias internas raras, aterradoras y desconcertantes como pueden ser la sensación de separación, el sentir que la autonomía personal ha sido violada y que se ha perdido el control sobre sí mismo.

La esquizofrenia influye en el entorno de la persona que sufre la enfermedad y la calidad de vida tanto de éste como en la de sus familiares y allegados, debido al estigma social, el aislamiento y, generalmente, la situación de desempleo, que sufren estas personas. Si a esto añadimos la combinación de la ignorancia del público, y la proliferación de los conceptos erróneos que rodean el sufrimiento intenso de la persona, hace que la esquizofrenia sea tal vez la más trágica de las enfermedades que afectan al ser humano.

Los signos y síntomas de la esquizofrenia se denominan como “positivos”, “negativos” y “déficits cognitivos”.  

Algunos de los síntomas positivos son los delirios.  Estos son ideas falsas y fijas que tiene el paciente, las que no se pueden corregir por medio del razonamiento. En la mayoría de los casos el mensaje sensorial que se recibe simplemente es mal interpretado; a menudo como una “señal” con un significado especial.

En los delirios de referencia, la persona cree que las situaciones casuales están directamente relacionadas consigo mismo, le da un significado personal dramático y se integran patrones complejos de significado especial.  Otra creencia delirante es que los pensamientos de la persona están irradiando de su cerebro o se están transmitiendo por la radio o la televisión (transmisión de pensamiento), o que alguien le está poniendo pensamientos en su cerebro (inserción de pensamiento).

En los delirios paranoides, las personas afectadas llegan a convencerse de que están siendo controlados por otros, manipulados o conectados por fuerzas siniestras, o tienen miedo de que otras personas vayan a hacerles daño o atacarlas.  Estos temores se “confirman” al interpretar erróneamente otras señales. Este sistema mental cerrado crea una profecía que se cumple, lo que a su vez ratifica las creencias delirantes. 

Los delirios de grandeza son comunes: las personas creen que controlan el tiempo, el movimiento de los planetas, o que son figuras religiosas o históricas.  Muchas personas, en sus delirios, creen que pueden volar, o que son inmunes al peligro, y actúan de acuerdo con estas creencias, las cuales pueden tener consecuencias trágicas predecibles.  En resumen, los delirios son creencias fijas que no son susceptibles de cambio a la luz de datos contradictorios.

Las alucinaciones—otro de los síntomas positivos—son el resultado de la agudeza extrema de los sentidos.  Son comunes la brillantez visual y las distorsiones extremas de los estímulos visuales. En cuanto a las alucinaciones, el cerebro “inventa” lo que oye, ve, siente huele o prueba.  Estos fenómenos son completamente reales para la persona.  Las alucinaciones auditivas son mucho más comunes y se destacan como uno de los síntomas característicos de la enfermedad.  Las voces ocurren con más frecuencia a la hora de dormir—aunque pueden ocurrir a cualquier hora del día.  En la mayoría de los casos, las voces son descritas como desagradables, acusatorias, críticas y soeces.  A pesar de ser menos comunes, las alucinaciones del olfato, del tacto y del gusto también ocurren y se manifiestan vívidamente.

Otro de los síntomas positivos es el habla desorganizada (como el descarrilamiento de las ideas en forma verbal o escrita). A menudo se observan cambiando de un tema a otro, de una manera sin sentido. Los individuos pueden en algunos casos, crear sus propias palabras y sonidos.

Los síntomas negativos más notables son la desorganización; expresión emocional disminuida; abulia (carencia de voluntad, incapacidad para ejecutar un acto voluntario o tomar una decisión). Por ejemplo, el paciente desea llevar a cabo un acto, pero carece de la fuerza necesaria para hacerlo. 

Los déficits cognitivos de la esquizofrenia son severos y afectan especialmente la memoria declarativa verbal, las funciones ejecutivas, la atención sostenida, y la memoria de trabajo, todo lo cual afecta la capacidad de lograr su autonomía.   Los déficits cognitivos se refieren, además, a la disfunción social/ocupacional.  Esto significa que durante una porción significativa de tiempo a partir del comienzo del trastorno, una o más áreas del trabajo, las relaciones interpersonales y/o el cuidado de sí mismo están muy por debajo del nivel esperado, o cuando la enfermedad comienza en la infancia o adolescencia, no se alcanzan los niveles de logros interpersonales, académicos u ocupacionales. En otras palabras, se afecta el funcionamiento cotidiano de un modo quizás aún más severo—y menos tratado– que los signos y síntomas más conocidos sobre esta enfermedad. 

La incapacidad de sentir empatía es mejor explicada como lo que ocurre cuando los individuos bajo el control de sentimientos exagerados pierden la capacidad de evaluar el estado emocional de otras personas.  Este menoscabo en la capacidad de entender las emociones de los demás es una de las razones principales por las que muchas personas con esquizofrenia tienen dificultades para establecer relaciones sociales y amistades.

El comportamiento psicomotor anormal implica cambios en las reacciones motoras.  Las personas están aceleradas o retrasadas; la torpeza y el dar traspiés son comunes.  Muchos muestran una disminución significativa en la espontaneidad de los movimientos o padecen de tics y temblores incontrolables que no corresponden a efectos secundarios de medicamentos.

La necesidad de apartarse de los demás, o permanecer callados por largos periodos de tiempo son algunas de las maneras usuales en que las personas con esquizofrenia se aíslan de los estímulos extremos.

También algunas personas pueden exhibir un comportamiento excéntrico. Los patrones de movimiento ritualistas, los gestos y posiciones anormales del cuerpo, las obsesiones y las compulsiones; el repetir lo que otros dicen (ecolalia), y el comportamiento social inadecuado parecen tener lógica y significado para el paciente, pero son muy extraños para quien los observa desde afuera.

Muchas personas que sufren de esquizofrenia experimentan episodios definidos de depresión, llanto y abatimiento que en ese momento les parecen inexplicables.  Este periodo puede fluctuar con estados de ánimo eufóricos, sensaciones de éxtasis espiritual, recriminaciones, culpabilidad y miedo. 

A menudo la persona afectada no se da cuenta de que su cerebro está funcionando mal. Los síntomas alucinatorios parecen “explicar” todo lo que está pasando.  En ocasiones el paciente percibe a las demás personas como las que están perturbadas, ya que ellas no pueden interpretar estos eventos especiales de la manera que el paciente lo hace.  La falta de discernimiento puede resultar en hospitalizaciones involuntarias y/o tratamientos compulsorios—cuando el paciente no accede voluntariamente a recibir tratamiento para su enfermedad.  Solo en algunos casos, lamentablemente, la falta de discernimiento puede persistir indefinidamente bajo tales circunstancias.

Imagínese lo que sería no poder confiar más en su cerebro cuando éste le diga algo…. Si existe alguna enfermedad peor que la esquizofrenia, todavía no se ha identificado.

En las personas diagnosticadas con el trastorno de esquizofrenia, el suicidio es la principal causa de muerte prematura: el riesgo suicida es de nueve veces mayor que entre la población general. Entre 9% y 13% de los pacientes con esquizofrenia terminaron sus vidas suicidándose. Los estudios de más calidad revisados (Rimkeviciene, et al., 2015) dan una frecuencia de 51% de suicidios impulsivos

Los resultados de un gran número de estudios no son consistentes con el punto de vista del continuo en la suicidalidad. Aunque el empleo del término “intento de suicidio impulsivo” fue mencionado por primera vez en el Siglo 19, (Durkheim, 1897,2005), el proceso se ha estudiado poco en la literatura psiquiátrica. No es hasta el año 2015 cuando se publicó la primera revisión sobre este término que el mismo aparece en un estudio (Rimkeviciene, et al., 2015)

 Existen varias teorías psicológicas y neurobiológicas para intentar explicar el acto de suicidio consumado. Pero una conclusión bastante acertada es que esencialmente existen por lo menos dos procesos: el suicidio premeditado, y el suicidio impulsivo. 

Consecuentemente las estrategias y posibilidades de prevención son diferentes para cada caso. Los modelos actuales de prevención del suicidio ameritan ser revisados porque éstos se basan fundamentalmente en el modelo de la continuidad. Por ejemplo, las estrategias de prevención pueden ser válidas, por ejemplo, en casos de depresión crónica, pero no así para muchas personas con otros diagnósticos. Es necesario ampliar el modelo de estrategias para incluir el suicido impulsivo, pues en ese terreno los conocimientos todavía son limitados.

Obras citadas

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5 (5a. ed.)

Durkheim E (2005) Suicide: A study in Sociology, 2nd ed. Taylor and Francis Hoboken (originalmente publicado en 1897)

Rimkeviciene J, O´Gorman J De Leo D. (2015) Impulsive suicide attempts: a systematic literatura review of definitions, characteristics, and risk factors (Vol. 171:93-104) Journal of Affective Disorders

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